Mensaje de Xavier respecto al III Encuentro

 

Hola amigos:

Soy Xavier, uno de los “nuevos” que acudió a la cita de Eina. Os envio este
correo por medio de Mercé ya que todavía mi usuario no tiene acceso.

Permitidme, en primer lugar, agradeceros vuestra acogida. Desde el primer
momento me encontré en un entorno muy cálido. Yo venía cogidito de la mano de
Mercé esperando a ver que ocurría y mi sensación fue la de estar con personas
que se “creían” lo que propaga la obra de John Denver. Mercé me había contado
cosas de vosostros y de vuestra pasión por las canciones del de Aspen. De
hecho, Mercé es también una entusiasta y me ha transmitido paisajes y caminos
de la música de John Denver que voy descubriendo poco a poco. Yo conocía la
obra de Denver superficialmente y asociando algunas de sus canciones a  otros
cantantes, como ya conté a alguno.

El compartir este encuentro con vosotros me ha dado un “espaldarazo” definitivo
para profundizar en la obra de John Denver. Es difícil explicar cómo llegas a
un intérprete y a sus canciones. Se parece a un estado de enamoramiento
progresivo; lo conoces, lo observas, “tonteas” un poco, te haces el duro…y
llega el momento que salta una chispa que ahonda en lo más profundo de tí y que
te hace inseparable del ser amado.
El concierto al que asistí (de auténticos profesionales, los tres) fué como un
angelito que dijera: “Toma, ahí tienes canciones que te darán felicidad y paz”.
Y así fué.
En las grabaciones de Denver yo sentía cosas, había una cierta magia que me
anunciaba algo que las voces en directo me  acabaron de confirmar.

Así que gracias, de verdad, gracias a todos (no quiero olvidarme de nadie).
Como dice una canción de un cantante que también  admiro mucho, “yo sólo puedo
ser si sois vosotros”. Espero poder compartir este espacio y otros encuentros
con todos vosotros.

PD: Ahora tendré mucho trabajo con el “Libro Gordo de Petete” que prepararon
Mággida y Marcos.

Besos y abrazos,

Xavier

 

Mensaje de Albert Lacruz respecto al concierto
 

Estimados amigos,
 
Hoy, en Barcelona, hace un día gris. Ha llovido a ratos; el sol no ha salido. Parece como si el mismo Cielo estuviera triste. Hay motivos: el tercer encuentro de amigos de John Denver terminó.
 
Se apagaron, pues, las luces y ahora es momento de recordar.
 
Recordarlo todo, aunque sólo hayan sido tres días, es difícil. Demasiadas cosas. Si uno dedica tiempo a ello, le vienen a la cabeza miles de recuerdos en forma de imagen. Miles de recuerdos bonitos, generados en tan solo unas pocas horas. ¿Cómo es posible? No lo sé, pero sucede, ¿verdad?
 
Las luces se han apagado, pero quedan los recuerdos.
 
...
 
Saliendo, maletas en mano, de nuestra habitación del albergue, la número 5, la miré, ya con la luces apagadas, y sonreí. En ella dormimos Sara y yo, y en ella tuvo su cunita Jan, que asistió a su primer encuentro de John Denver. ¡Jan, mi hijo, acompañándome a un encuentro de amigos de John Denver! ¡Quién me lo iba a decir, hace tan sólo unos pocos años!
 
Más tarde, cuando todos hubimos desayunado, quise entrar de nuevo en el comedor. Las luces estaban ya apagadas. Lo miré de nuevo y, en un segundo, me vinieron a la mente todo lo que estos días ha ocurrido allí. Sentados alrededor de la mesa alargada, nos hemos reído una barbaridad, nos hemos conocido mejor, nos hemos agradecido mútuamente, por turnos, la experiencia vivida y hemos brindado por los presentes y por los, esta vez, ausentes.
 
Eran algo más de las 9 de la noche del domingo y el concierto había terminado. El público se había marchado ya; algunos, con lágrimas de emoción en los ojos; la gran mayoría, profundamente satisfechos del espectáculo presenciado. Las cosas estaban ya recogidas y era hora de ir a cenar. Marcos cerraba las puertas del local y yo le pedí que, antes de hacerlo, mirara el interior de la sala: el concierto, en el que tanto ilusión habían puesto Màggida y él, ya no era un proyecto lejano. Era una realidad. Lo habían conseguido. Lo habíamos conseguido. Y había sido un éxito. Podían, Marcos y Màggida, podíamos todos, estar orgullosos. La música de John Denver había sonado con fuerza y su eco lo seguirá haciendo para siempre.
 
Observamos el local; estaba vacío y tenía las luces apagadas...
 
...
 
Cuando, por la noche, me tumbé en la cama, dormimos a Jan (¡ayer se durmió a la primera!) le pedí a Sara que apagara las luces y, juntos, pensamos en todos y cada uno de vosotros: Marcos, Màggida, Maribel, Tom, Conchi, Alicia, Vicente, María José, Cris, Steve, Lali, Mercè, Xavier, Charlie, Carme, Jose, Daniel, Rafa, Celia, Lorena, Rafín, Katia y familia, Martí, Pilar, Víctor...